La democracia es al mismo tiempo medio y fin.
Es el medio para la lucha por el socialismo y es la forma de realización del socialismo
(Eduard Bernstein)

27 septiembre 2009

Alemania gira a la derecha, el SPD pasa a la oposición.

A estas horas ya se conocen los resultados provisionales de las elecciones generales alemanas. No hace falta esperar a los definitivos, ni siquiera el líder de la socialdemocracia los ha esperado para salir a reconocer que este fracaso "no tiene maquillaje posible". El batacazo del SPD no tiene paliativos, pero sí muchas lecturas.

El SPD, el partido socialista más antiguo de toda Europa (fundado en 1863), vinculado a todas y cada una de las conquistas políticas y sociales de los trabajadores de aquel país y faro de referencia para otros partidos socialistas europeos, está en una severa crisis. Ya lo estaba, pero hasta hoy no se ha certificado la muerte de una estrategia que se demuestra, a ver si lo aprendemos todos los socialistas, errónea y abocada -lo vemos- al fracaso.

Tras la pesadilla de la segunda guerra mundial y bajo los principios de la llamada "socialdemocracia clásica" el SPD ostentó el gobierno de la República Federal Alemana en no pocas ocasiones, desarrollando políticas exitosas conducentes al Estado social benefactor e identificándose felizmente estas siglas históricas con las reivindicaciones de la mayoría de las clases medias y de los trabajadores. Ese era el éxito de la socialdemocracia y la Alemania Federal avanzó mucho en esos años.

En los últimos 11 años, los alemanes han conocido al SPD en el gobierno, los últimos cuatro, con la conservadora CDU en la que se vino a llamar, por sus proporciones, la "Grosse Koalition" (la gran coalición).

Y de ahí, de esa coalición que se firmó en 2005 con la principal fuerza de la derecha, y de la propia inercia hacia el "centro" que se seguía desde los últimos años de gobierno de Gerard Schröder... viene la "grosse krisis" del hoy malherido partido socialdemócrata.

Hay que reparar en el sintómatico caso de Die Linke (La izquierda), un partido de los llamados alternativos, que surge no sólo a la izquierda del SPD sino, en parte, desde el propio SPD. Basta con decir que uno de los líderes de este nuevo partido es Oskar Lafontaine, nada más y nada menos que un ex-presidente del partido socialdemócrata que, descontento con el progresivo giro a la derecha de su hasta entonces partido, decidió unirse al comunista Gregor Gysi en esta nueva aventura política de resultados nada desdeñables (se habla de que obtendrán algo más del 12% de los votos).
Es de suponer que hacia La Izquierda, se ha ido parte de esos votos socialdemócratas descontentos con el papel de su partido dentro de la coalición con Merkel.

Y es que en esa coalición CDU-SPD cada vez se veían menos las lineas divisorias, cada vez más borrosos los puntos innegociables que imponían a su socia de gobierno -la canciller Merkel- los ministros socialdemócratas. Esa osmosis, esa dificultad por dilucidar donde acaba la gestión de la CDU y dónde empieza la influencia del SPD en el gobierno, también se ha hecho notar en una campaña donde no ha podido haber "reproches" entre los dos grandes partidos (entiéndase reproche en el sentido ideológico, teórico y no infantil del término).

Así que Alemania tendrá, desde hoy, un gobierno de derecha declarada. Porque como ya se ha señalado en anteriores reflexiones, entre la copia (una izquierda descafeinada, entregada a la quimera del "centro" político) y el original (la derecha parlamentaria) siempre se optará por el original. Así, el pacto entre liberales y conservadores está más que cantado: la derecha tal cual.

Como norma general de estas elecciones, los partidos pequeños han ganado terreno a los considerados partidos tradicionales. Punto también a tener en cuenta.

En resumen, que el SPD se ha sumado a unas políticas que no son las suyas. unas políticas que los votantes potenciales de ese partido no han identificado ni reconocido. Una lección que tenemos que aprender, pues para eso están las lecciones, en todos los partidos socialistas europeos. En parte la derrota socialista en las pasadas europeas tiene que ver con esta situación y Alemania confirma la tendencia: si perdemos la identidad estamos perdidos.

13 Valiosas Opiniones:

Carlos Manzana dijo...

Todo partido cuando se olvida de quien es pierde su rumbo y su gente, pierde su naturaleza y entra en un remolino de Alzheimer que le hace olvidarse de quine es y de lo que defiende.

No debemos sentirnos ofendidos por defender lo que defendemos los socialistas, ni los socialistas ni nade. Debemos ser idealistas, actuar sin miedo, siendo fieles a nosotros mismos, y sabiendo siempre lo que somos.

La sociedad hoy dia no detesta la política, ni vive tan aburguesada o egoistamente como se piensa (lo dicen las encuestas sociales serias). La sociedad lo que detesta es a los políticos, que ensucian la politica y la mancillan con el marketing mercantilista aplicado a los partidos, confundiendo a la gente y traicionando sus principios.

Esta derrota en Alemania yo espero que sirva para recordar al resto de Europa y a los socialistas quienes son.

irichc dijo...

El diagnóstico es equivocado, porque presupone que la influencia ha sido unidireccional y no se han llevado a cabo políticas de izquierdas en la coalición, que por el mismo motivo podrían haber dañado la "identidad" del partido liberal, perjudicándolo electoralmente.

Toda ideología es contraria al relativismo político y, por tanto, más o menos impermeable a la flexibilidad que deberían imponer las nuevas circunstancias. Da miedo que os importe más vender vuestro producto con obstinada coherencia -y a pesar de la fractura social- que velar por el bien público, que no siempre se ajustará a tan limitados esquemas mentales.

Alberto Ginel Saúl dijo...

Irich. Cuando un partido político pasa de los 221 escaños a los 148, ha sucedido algo evidente y matemático: una parte de sus votantes ha dejado de votarles. En esto estarás de acuerdo.

Una parte de quienes votaron al SPD en 2005 para que ésta fuera la fuerza política mayoritaria que llevara la voz cantante de la política germana, han dejado de votar a dicho partido.

¿Qué ha habido desde 2005 hasta hoy? la 'Gran coalición'. Dices que no sólo el SPD se habrá visto influido por la CDU-CSU sino que este flujo habrá sido bidireccional. Hay otra cosa que parece evidente, los que no han votado esta vez al SPD, han dejado de hacerlo porque no se han reconocido en las políticas que ha llevado a cabo ese gobierno de coalición en cuyo gabinete tenía presencia el SPD. Los votantes de este partido no se reconocen en esa gestión de la que son co-responsables sus dirigentes. Podemos decir que el gobierno de la gran coalición ha llevado una política más apegada a los valores de la CDU-CSU, por eso el partido conservador mantiene sus resultados (y los amplía moderadamente), mientras que entre los socialistas se evidencia un desapego visible respecto a las políticas seguidas por el gabinete presidido por Merkel.

Parece que el SPD ha podido salvar pocos de sus muebles, ha conseguido implantar en el gobierno pocas de sus propuestas electorales de 2005. Si esto no hubiera sido así, los socialistas querrían reeditar la Gran Coalición, puesto que en ella sería factible la inclusión de políticas socialistas, y de este modo, hubieran votado con aún más fuerza para que dentro de la correlación partidista de una reeditada coalición, el canciller investido y por tanto, el director de la orquesta, hubiera sido un socialdemócrata. Pero eso no es lo que ha sucedido y eso se explica, creo, aunque tú piensas que estoy equivocado, en que el SPD se ha confundido con la CDU-CSU, haciéndose las diferencias entre ambos grupos más borrosas que nunca.

Ante esta realidad, el votante del SPD puede optar por emigrar su voto hacia "La Izquierda" o dejar la papeleta en casa (la abstención ha crecido, habrá que ver con los datos en la mano en qué länders y a qué partido "pertenecían" en principio esos votos)

En la última parte de tu comentario vienes a hablar de dogmas y de esquemas mentales limitados. Bien, no hay ideología menos dogmática que la socialdemócrata. Nosotros no nos guiamos por lo que escribiera un pensador en 1848 como si sus teorías y predicciones fueran la tabla de la ley. Tampoco creemos en que una mano invisible, a través del beneficio de unos pocos, repercuta en la felicidad de la comunidad. La socialdemocracia es una ideología que se construye día a día, pero que tiene, como es natural, un núcleo, una serie de mínimos irrenunciables como también los tenemos los seres humanos: son los valores. Esos valores políticos racionalizados y actitudes constituyen las ideologías políticas.

Ideologías que, gracias a tus distintos comentarios (los cuales agradezco, como los del resto), intuyo que crees fenecidas, yertas, innecesarias, como cosas rígidas y "obstinadas" que "limitan los esquemas mentales". Obviamente no estoy de acuerdo con eso, la ideología sigue teniendo un valor, una importancia. ¿No crees que eso está detrás de la derrota del SPD? Un SPD que se des-ideologiza hace florecer a su izquierda un partido radicalmente ideologizado. Yo lo veo blanco y en botella.

Miguel Alvarez dijo...

En algo estoy de acuerdo contigo, la falta de referentes claros socialdemocrátas en la política del gobierno unidos a la asunción por parte de la CDU y la CSU de componentes patrimonio,hasta hace poco tiempo, de los socialdemocrátas ha acabado por desdibujar la opción socialdemocráta.

Por otro lado, la nueva izquierda, que no es tan nueva, ha aglutinado, en el caso alemán, a un electorado claro de izquierda. Habrá que ver de que landers procede ese voto y el peso que los antiguos comunistas tienen en él y el apartamiento de los sindicatos (IG metal) de la SPD.

Son muchos años ya, desde Schmidt, en los que la política socialdemocrata se viene caracterizando por un marcado sentido social-liberal.

El caso de Lafontaine es paradigmático. Creo que el debate real de la reconformación del PSD se trasladará a los sindicatos. Ellos serán, si conservan el nivel de afiliación, los que den origena la nueva política de izquierda.

Enseñanza? Pienso que los partidos de izquierda con cúspides muy fuertes, insensibles a las opiniones de las bases ( militantes y electorado) llevan consigo el gen de la autodestrucción.

Si, da que pensar

Anónimo dijo...

Pues yo estoy encantado con la subida de los liberales. A ver si algún día llegan a gobernar.

Isra

Ismael García Ávalos dijo...

Alberto no podría estar más de acuerdo contigo y con tu análisis.
Me preocupa especialmente que semamos capaces todos, no sólo los compañeros alemanes, de sacar las conclusiones necesarias de lo ocurrido.

Alberto Ginel Saúl dijo...

Estoy de acuerdo contigo Javi. El SPD tiene que renacer con fuerza desde su nuevo papel de oposición y reconquistar sus posiciones. El SPD tiene que volver a ser el SPD.

Un saludo.

Javier dijo...

Amigo Alberto, es lo mejor que le puede ocurrir al SPD, la situación es más que propicia. Si no la aprovechan habrán suicidado 140 años de lucha. Y encima no deberemos ponernos tristes por ellos.

irichc dijo...

Alberto:

La socialdemocracia es una ideología que se construye día a día, pero que tiene, como es natural, un núcleo, una serie de mínimos irrenunciables como también los tenemos los seres humanos: son los valores. Esos valores políticos racionalizados y actitudes constituyen las ideologías políticas.

No creo que los valores formen parte de la ideología, sino más bien de la moral. La ideología es, ante todo, una visión monolítica de la historia, una serie de medidas programáticas de ámbito público que se postulan como intemporalmente buenas ("subir impuestos es de izquierdas", etc.) y una identificación del enemigo interior y/o exterior. Soy contrario a las ideologías, pero no porque crea que no debe haberlas -eso sería como posicionarse contra la tos-, mas porque sostengo que nadie que ame el bien público debería quedarse con esos idolillos demasiado tiempo.


Ideologías que, gracias a tus distintos comentarios (los cuales agradezco, como los del resto), intuyo que crees fenecidas, yertas, innecesarias, como cosas rígidas y "obstinadas" que "limitan los esquemas mentales".

Y yo agradezco tu caballerosa acogida, a pesar de mi hostilidad, natural, teniendo en cuenta lo mucho que nos separa y lo serio de las materias discutidas. Insisto, sin embargo, en que por desgracia estoy más que persuadido de que las ideologías -cáncer del siglo pasado- gozan aún de buena salud; e insisto también en que no estoy por la utópica ambición de abolirlas, sea a favor del mercado libre o del Estado del bienestar, panaceas utilitaristas ambas en las que tengo depositada muy poca fe.


Obviamente no estoy de acuerdo con eso, la ideología sigue teniendo un valor, una importancia. ¿No crees que eso está detrás de la derrota del SPD? Un SPD que se des-ideologiza hace florecer a su izquierda un partido radicalmente ideologizado. Yo lo veo blanco y en botella.

Creo que caben muchas otras interpretaciones que son críticas con las políticas mismas que han caído, esto es, con su sentido de la oportunidad, y no sólo con las alianzas mediante las que sus representantes han intentado llevarlas a cabo.

Si hay algo que me aterra es el espíritu sectario y las ansias de pureza en política, las mismas que han llevado a Zapatero a pactar con minorías (aun contra natura) y a provocar una fractura social despreciando el necesario consenso. La política no es el arte de conducir a un pueblo a la salvación, ni de hacerlo "más auténtico" o "más decente"; no es teología ni pastoreo de almas. Con una administración honesta y adecuada a las circunstancias debería bastar. No existen remedios universales en este terreno: la democracia, buena en Europa, puede ser perjudicial en África. Nadie cree que en Derecho una misma sentencia valga para dos delitos, y no obstante sí aceptamos una definición inalterable y concreta hasta la náusea del bien público.

Al mismo tiempo me subleva que quienes se muestran ortodoxos en materia ideológica sean a menudo los más heterodoxos en lo tocante a la moral y se exhiban, ahora sí, como perfectos relativistas. ¿Qué es si no el progresismo? Una idea fija de la Historia teleológicamente orientada a su perpetua mudanza hacia ninguna parte. Otros lo llaman nihilismo.

Félix Caperos dijo...

pues fíjate que no me alegro, pero que no creo que les venga mal, pues en vez de un partido de izquierdas parecían cualquier cosa. La cosa viene de atrás, del aquel canciller... En fin que la oposición les venga bien para volver a saber donde están los valores.

Un saludo.

Félix

Franesco dijo...

Dijo un sabio: "El que con niños se acuesta, meado amanece".

Otro, no tan sabio, pero no por ello menos perspicaz, añadió: "El partido de izquierdas que se alía con la derecha o gobierna como si lo fuera está condenado a que su electorado le castigue por ello".

Aprendamos la lección, ahora que tenemos tiempo...

Anónimo dijo...

Buen análisis el que has realizado Alberto, desde luego que los socialistas tenemos que reflexionar para no caer en este error en otras ocasiones.. Siempre nos quedará Iberia. Felicitaciones a los compañeros lusos!

Borja Arrue dijo...

El panorama de la socialdemocracia europea es realmente complicado. Sólo en España los socialistas mantiene una presencia importante sin riesgo inmediato de disolverse, situación bien diferente a la de los laboristas británicos, los socialistas franceses o los socialdemócratas alemanes. La evolución del voto en esos países se debe a su práctica política civilizada y avanzada: la dinámica de trincheras, de bloques cerrados y enfrentados a quienes no une ni siquiera una idea compartida de país, es el elemento que hace de los socialistas españoles la excepción.

La verdad es que el asunto es complejo y tiene difícil solución. Más ideología, pedís algunos, y estoy de acuerdo en reforzar la densidad ideológica, que es además un factor que frena la llegada de arrivistas y otros especímenes a quienes sólo atrae el poder. Sin embargo, hay que combinarlo con una cierta flexibilidad y el abandono de los dogmas, de las "ideas ideológicas". Adaptarse a la realidad sin renunciar a la identidad: seguir siendo socialdemócrata pero dar respuestas eficaces y operativas a los problemas reales. Y gobernar para todos. Esto Felipe González lo entendió siempre muy bien.

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